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Literatura y muerte

24-07-2013

Desde los inicios de la literatura, la muerte ha sido un tema recurrente desde diferentes perspectivas y géneros. La primera narración escrita de la Historia, El poema de Gilgamesh –datado del año 2000 a.C., y perteneciente a la cultura sumeria, en la antigua Mesopotamia-, incorpora ya esta temática. Según los críticos, se trata de la primera obra literaria con referencia a la mortalidad y a la inmortalidad.as", declaraciones de inocencia que el difunto realizaba ante los dioses del tribunal a fin de justificar sus acciones personales, lo que pone de manifiesto la gran importancia moral que este capítulo significaba para los antiguos egipcios.

Aunque no se considere exactamente literatura, sino de un conjunto de textos funerarios, El libro de los muertos, del antiguo Egipto, acompañaba a los difuntos en su viaje al más allá. También en Grecia se hallan múltiples reflexiones alrededor de la muerte en los primeros textos literarios, cuyos autores tocaban sin miedo. Es el caso de La Odisea de Homero, que aborda la función ideológica de morir. Uno de sus personajes, Aquiles, representa el ideal de héroe que aún pervive en nuestros días, al asumir el destino inevitable de una muerte gloriosa para ser recordado eternamente. Otro autor griego, Séneca, en uno de sus escritos, recomienda a una serie de personas que no sufran por la muerte, puesto que la certeza es que desde que nacemos tenemos que morir.

En la Eneida, del poeta romano Virgilio, la muerte es también tratada de forma heroica a través de Eneas, pero se trata también el suicido por amor de Dido. De la literatura clásica romana es interesante destacar su división según las muertes de sus emperadoras más importantes: del origen de Roma hasta la muerte de Livio Andrónico, de la muerte de este último hasta el fallecimiento de Sila, desde la muerte de éste hasta la de Augusto, y así sucesivamente.

Las mil y una noches, la recopilación de cuentos árabes orales de Oriente Medio, realizada en el siglo IX, hace también alusión a la temática de la muerte. Según la leyenda, los cuentos son inventados por la hija de un visir, Scheherazade, para impedir que el sultán la matara. Gracias a su imaginación, sabiduría y perspicacia, la joven consigue salvar su vida cada noche, hasta convertirse en reina.

Uno de los ejemplos más relevantes en la literatura de finales de la época medieval es La Divina Comedia de Dante (1265-1321), que se puede considerar como un gran tratado sobre la muerte. Tiempo después, también el dramaturgo británico William Shakespeare (1564-1616), en su obra póstuma Hamlet, planteó el tema de la muerte con cotidianidad, a través de la figura del enterrador, como única solución a la miseria de la vida. La muerte fue una de las obsesiones del célebre escritor en su trayectoria literaria.

En la literatura española, Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes (1547–1616), considerada una de las mejores obras de la literatura universal, tampoco escapa a esta temática. El autor trata la muerte como una posibilidad presente en cualquier acción, por lo que concibe la vida como un mero trance hasta la muerte.

La muerte es la razón de ser de uno de los géneros literarios más vivos de la literatura actual, la novela negra. El detective Pepe Carvalho, creado por Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003), convirtió este género en un fenómeno de masas en España, mientras que con el detective Wallander, de Henning Mankell(1948), empezaría la potente escuela sueca de novela negra. En el ámbito de la novela policiaca o criminal, la inglesa Agatha Christie (1890-1976) representa uno de los ejemplos más famosos y prolíficos. Es la creadora de otro célebre detective, Hércules Poirot, inspirado en el personaje de Sherlock Holmes, de su admirado Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930).

La literatura de terror lleva implícita la muerte y el temor a ésta por parte de sus personajes. El estadounidense Edgar Allan Poe (1809-1849) es uno de sus máximos representantes con sus cuentos de terror. Curiosamente, la propia muerte del escritor sigue siendo hoy en día un misterio. Uno de los referentes actuales el género de terror es el norteamericano Stephen King (1947), cuyas novelas han sido superventas en varias ocasiones.

La literatura infantil no esquiva la muerte y muchos autores han incorporado esta temática a los más pequeños, de forma más o menos directa, para que se familiaricen con ella y deje de ser un tabú. Desde los clásicos cuentos algo terroríficos de los Hermanos Grimm, el personaje del niño que debe enfrentarse a las miserias y a la muerte en el Londres del siglo XIX en Oliver Twist, de Charles Dickens, hasta la novelista Ana María Matute, que en su obra intenta explicar temas como la muerte con absoluta naturalidad. Ejemplo de ello es la Fiesta al Noroeste, novela en la que la muerte y el funeral de un niño son el hilo conductor. Hasta los fenómenos de masas o best sellers juveniles como Harry Potter, de J. K. Rowling (1965), incorporan en su argumento una lucha constante entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte. En Oriente, el caso más sorprendente es el del famoso escritor y dramaturgo japonés Yukio Mishima (1925-1970), que ya desde joven manifestó su obsesión por la muerte, hasta el punto de acabar con su vida haciéndose la hara-kiri. Es destacable también el caso de la literatura africana, con representantes como el premio Nobel de Literatura Wole Soyinka (1934), que fue de los primeros a tratar temas como el genocidio ruandés.

La muerte y la literatura mantienen en ocasiones un vínculo más allá de los argumentos y los géneros. Existen varias leyendas y especulaciones alrededor de fenómenos extraños con algunas obras. Casos de libros satánicos o prohibidos, novelas que envenenan e incluso autores condenados a muerte por su obra (como el polémico Los versos satánicos del autor británico de origen hindú Salman Rushdie).

A pesar de algunas diferencias, puede afirmarse que la muerte, en tanto que correspondencia de la vida, es un tema instalado en todas las literaturas y épocas. Es evidente que la historia política y social hace que se vea de formas diferentes, pero, tal como manifestó el poeta Rilke (1875-1926), “la muerte vive dentro de nosotros” y está conectada indefectiblemente al día a día".

 

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