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La muerte de Sardanápalo

12-12-2016

la muerte de sardanapalo
El cuadro recibió duras críticas por su aspecto inacabado y por la luminosidad de su colorido para una temática tan trágica.

La muerte de Sardanápalo es el título de la pintura de Eugène Delacroix que podemos admirar en el museo del Louvre de París. Se trata de una obra de gran formato, 395x495 cm.

Sardanápalo, rey de Nínive, en Asiria, vivió entre el 661ac y el 631aC. Se rebeló contra Assurbanipal, se cree que era su propio hermano, pero, traicionado por sus aliados, decide que no dará ocasión a sus enemigos de disfrutar de una victoria inminente, por lo que ordena sacrificar a las mujeres de su harén, junto con los caballos y perros y destruir sus bienes, antes de suicidarse.

El mismo pintor narra:
Los rebeldes asediaron el palacio…Acostado en un magnífico lecho, en la cima de una inmensa hoguera, Sardanápalo da la orden a sus eunucos y a los oficiales de palacio de degollar a sus mujeres, sus pajes, hasta sus caballos y sus perros favoritos; ninguno de los objetos que habían servido a sus placeres debía sobrevivir.

Por cierto, nótese como se categoriza a seres humanos en el mismo nivel que caballos y perros dentro de la clase “objetos”
Es bastante probable que Delacroix se inspirara para esta temática en el drama de Lord Byron Sardanápalo, escrito en 1821 y traducido al francés en 1822. En él, el rey de Asiria, tras ser traicionado, ve venir una derrota inevitable. Antes de rendirse, decide arrojarse en una hoguera junto a su esclava favorita, Myrrha, que es la que aparece a los pies de su amo. Por lo visto, la matanza de las demás mujeres, pajes, caballos y perros, son una ocurrencia posterior en la versión de otro autor, Diodoro de Sicilia.

Para no caer preso del enemigo, hizo instalar en su palacio una gigantesca hoguera en la cual puso su oro, su plata y todas sus posesiones de monarca, se encerró con sus mujeres y sus eunucos en un espacio habilitado en medio de la hoguera, dejándose así quemar con su gente y su palacio.

Pasemos a analizar el cuadro:
Esta composición destaca por su luminosidad brillante, con varios focos de luz que se entrecruzan. Dominan los colores cálidos, sobre los cuales destaca la palidez de los cuerpos. Sobre el lecho, el rey, imperturbable y a su alrededor, en composición abigarrada, siguiendo ejes superpuestos, el resto de los personajes. Una luz en diagonal va del rey al hombre que asesina a una de las mujeres. Una joven muerta y un hombre moribundo yacen sobre la cama. A la derecha la ciudad humeante; a la izquierda, un hombre negro trata de controlar al caballo agonizante.

El cuadro recibió duras críticas por su aspecto inacabado y por la luminosidad de su colorido para una temática tan trágica. Afectado por ellas, el autor se mantuvo retirado durante 5 años, pero actualmente  su obra es aclamada como el paradigma de la pintura romántica enfrentada a los ideales clasicistas o neoclasicistas, representados por Ingres.

Entre las pautas estilísticas del romanticismo que podemos apreciar en esta pintura se hallan el uso de la curva exagerada, la profusión del movimiento, la representación del ser humano en medio de sus pasiones desatadas, la luz dramática, el uso de animales junto a los humanos y el protagonismo del color rojo como símbolo de la violencia.

Otra característica del romanticismo reflejada en el cuadro es la visión de oriente como lugar de extremos, entre la civilización sofisticada y la violencia despótica. Este mismo binomio belleza/violencia se puede apreciar también en la obra romántica La balsa de la Medusa.

Por otra parte, no se puede obviar el fuerte contenido sexual de la muerte de Sardanápalo, con un una carga evidente de sadomasoquismo. Las odaliscas evocan los deseos masculinos más inconfesables, con una posesión extrema de la mujer cuyo límite sólo puede poner la muerte.

 

Categorías: Arte